miércoles, 27 de abril de 2011

COMENTARIO DE UN FAN DE PUENTING

El cuerpo vibra, el corazón pega saltos, la respiración se acelera, la presión sanguínea escala, la sangre abandona la piel, el color tu cara. Ya no hay sangre en tus venas, todo es adrenalina... ¡Tres!...¡dos!...¡uno!...¡Salta!
No es más que un momento (uno, dos o tres segundos, depende de la caída) que quizá se te haga eterno. La cuerda, tirante hasta hace poco, se contrae, tus vísceras suben hacia tu garganta (y otros órganos también en el caso de los chicos), tenemos la piel de punta, alambres en vez de pelos...  
Y, de pronto, las cuerdas vuelven a estirarse, te recogen, te acunan, te salvan del suelo y te llevan hacia el cielo (en eso también influyen las endorfinas), ¡Felicidad! L@s ángeles tienen tu misma cara, vuelan como tú, derrochan los mismos sentimientos. ¡Plenitud!
  

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